Alta contaminación de metales pesados en mariscos de Puchuncaví, Chile

Luego de tomar muestras en cuatro puntos aledaños a la localidad de Ventanas, un análisis de la organización Oceana y el laboratorio GCL, de la Fundación Chile, arrojaron resultados que ya se conocían para el suelo: altos niveles de cobre, arsénico y cadmio. Según los pescadores de la zona, la presencia de metales pesados es coincidente con la disminución de su fuente laboral.

Nadie lo esconde. Hace treinta años, Puchuncaví tenía otra tierra. La gente podía incluso plantar flores en el antejardín de su casa sin temor a que murieran. No tenían nubes tóxicas acechando a los niños en sus colegios. Tampoco existían grupos de personas que se conectaran en los puntos más tristes de su existencia, como las viudas de la Enami.

La vida también era otra para Sergio Silva (50), pescador hace más de 30 años. Aunque después del año 1993 tiene otros títulos que se anteponen a su primer oficio. “Hago pololos, cualquier trabajo por ahí”, cuenta.

Sergio fue uno de los primeros en recibir los resultados que Oceana realizó sobre el estado de los mariscos y crustáceos en la zona; resultados que para él explican la disminución de los recursos marinos. “Ya casi no hay machas. Antes sacábamos muchas merluzas, albacoras, erizos y lapas”, cuenta Sergio.

El 28 de marzo pasado, la organización internacional, bajo la supervisión del laboratorio técnico GCL de la Fundación Chile, tomaron muestras en 4 puntos aledaños a la localidad de Ventanas, para determinar si había presencia de metales pesados.

En esta bahía es donde se encuentran la fundición de cobre de Codelco y tres termoeléctricas a carbón, entre ellas la central termoeléctrica Nueva Ventanas y la planta de AES GENER S.A.

Los resultados del estudio no dejaron espacio a las dudas. En todas las especies: lapas, locos, almejas y jaibas analizadas se encontró presencia de cobre, arsénico y cadmio.

Sólo por poner un ejemplo: la concentración de arsénico en las jaibas fue de 7,73 mg/kg. En Chile la norma nacional dispone que este límite debe ser 2. En cambio, en Europa la indicación es que se debe situar en 2,6; mientras la norma internacional del Codex Alimentarius Comission fija este máximo en 0,1.

“Es un resultado que nos corta los brazos porque sabemos que el día de mañana los recursos se van a agotar y nos vamos a quedar sin fuente de trabajo”, dice Sergio. “Hemos perdido muchos años y el costo económico que ha acarreado ha sido inmenso; esto se traduce en lucas y eso repercute en la familia, el hogar”.

Los metales pesados tienen la misma negra característica: sus efectos se acumulan durante largo tiempo en el cuerpo. La ingesta de cobre puede provocar desde náuseas, hasta problemas en el hígado y los riñones. El cadmio puede producir debilitamiento óseo, daño en el sistema nervioso central, diarreas y también daños en el sistema inmunológico. La exposición a dosis elevadas de arsénico puede causar dolores de estómago; también se le han atribuido algunos efectos cancerígenos.

“El Gobierno debería hacer una muestra más extensa y cubrir más especies. Además debería investigar el origen de esta contaminación y hacer valer las responsabilidades que correspondan”, señala Álex Muñoz, director de Oceana en Chile.

Para los expertos, esta es una muestra más de que Ventanas forma parte de las llamadas “zonas de sacrificio” en Chile. Estos son lugares que concentran gran cantidad de industrias contaminantes y que afectan a comunidades más pobres o vulnerables.

Además de Ventanas, se cuentan en este grupo lugares como Tocopilla, Mejillones, Huasco y Coronel.

“Si bien no podemos esperar que Ventanas vuelva a ser la misma que hace 50 años, hay cosas concretas que podemos hacer para proteger a la población y recuperar razonablemente el ecosistema. Hemos propuesto que se prohíba la entrada en operación de nuevas plantas como Campiche y Energía Minera. También se deben implementar un plan de descontaminación riguroso y aprobar cuánto antes una estricta norma de emisiones para fundiciones. Además, es de toda justicia que los pescadores artesanales sean compensados por el daño causado a su actividad económica por tantos años”, señala Muñoz.

Sergio Silva suma una opinión: “Aquí la culpa es de las empresas que contaminan irresponsablemente y del Estado de Chile que ha hecho una vista ciega por tantos años”.

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Fuente : Elmostrador