El cambio climático puede cambiar los ecosistemas marinos de forma súbita

El cambio climático no sólo es capaz de transformar los ecosistemas marinos a largo plazo, por el efecto acumulativo del calentamiento del planeta, sino que también puede hacerlo de forma súbita, en el curso de unas semanas, a través de fenómenos meteorológicos puntuales de carácter extremo.

Así lo acaban de demostrar cuatro instituciones científicas australianas, al examinar el mayor episodio de calentamiento repentino del mar del que se tiene constancia hasta la fecha: el que se produjo a principios de 2011 (en el verano austral) en la costa occidental de ese país, que elevó hasta 4º C la temperatura del mar durante diez semanas en un tramo de 2.000 kilómetros de litoral.

El trabajo de ese equipo científico, cuyas conclusiones publica ahora “Nature”, contó con la colaboración de un investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Fernando Tuya, que vivió el fenómeno en primera persona durante su estancia posdoctoral en el Centro de Investigación de Ecosistemas Marinos de la Universidad Edith Cowan.

“Fue un fenómeno super, supersingular, que no se había observado en los casi 200 años que existen de registro. Y resultó una oportunidad única, porque teníamos todos los datos previos”, ha relatado a Efe este investigador español.

El raro fenómeno que vivieron hace dos veranos las costas de la bahía de Jurien ocurrió en medio de unas condiciones “inusualmente fuertes” de “La Niña”, que multiplicaron el flujo hacia Australia de aguas tropicales calientes, justo en un momento en el que las temperaturas atmosféricas en tierra superaban los 40 grados.

Como resultado de ello, los ecosistemas marinos sufrieron “un cambio dramático” en el curso de unas semanas, relata Fernando Tuya: el alga que provee de alimento y refugio a las principales especies animales de la zona casi desapareció y fue sustituida por otras algas oportunistas, las comunidades de peces cambiaron y comenzaron a proliferar especies de aguas calientes raramente vistas en esa zona hasta la fecha, como el “Parma occidentalis”.

De hecho, el índice de tropicalización de esas aguas (el porcentaje de especies tropicales presentes en el ecosistema) se duplicó con creces, pasando de representar entre un 5 y un 10 % del total hasta suponer el 20 %, explican los autores del artículo en “Nature”.

“Es como si uno vive cerca de un pinar y, un día, al dar un paseo, se da cuenta de que ha desaparecido. No es que haya sido arrasado por un fuego, es que el pinar ha sido sustituido en un espacio de tiempo muy, muy corto, por toda una vegetación alternativa. Y con la vegetación, también han cambiado las comunidades animales asociadas”, relata Fernando Tuya.

Los responsables de este estudio advierten de que, al estudiar los efectos del calentamiento global no solo hay que prestar atención a las tendencias y los cambios graduales, sino a los efectos que sobre los ecosistemas y la distribución de especies pueden provocar los fenómenos extremos.

“El efecto catastrófico en los ecosistemas terrestres de las tormentas, ciclones, sequías, inundaciones y olas de frío y calor, que probablemente crecerán en frecuencia y magnitud como consecuencia del cambio climático, está ampliamente documentado. En cambio, el conocimiento sobre la influencia de los fenómenos extremos en los ecosistemas marinos es escaso”, aseguran.

Y, mientras tanto, añaden, ya hay estudios que muestran que la frecuencia con que se miden temperaturas anormalmente altas en el agua del mar se ha incrementado en el 38 % de las costas del mundo.

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Fuente : Efeverde