El fósil de ballena más completo de España

El fósil de ballena más completo de España se encuentra en la actualidad en el Museo de Alcalá de Guadaíra. Una sala permanente para este cetáceo único del periodo marino Messiniense acaba de ser inaugurada.

Dicho espacio es compartido también con cerca de mil piezas más, con una variedad impresionante de fósiles, todos ellos pertenecientes a su término municipal y que corresponden a un período de entre hace siete y cuatro millones de años.

Esto no habría sido posible sin el empeño altruista de tres paleontólogos, Joaquín Cárdenas Carretero, Manuel Vicente Maestre Galindo e Idelfonso Bajo Campos, todos ellos miembros de la Sociedad Española de Paleontología. Desde que Cárdenas encontró los restos del cetáceo en 1970, un sinfín de llamadas e instancias a organismos públicos y oficiales para que valoraran y le ayudaran a reconstruir dicho hallazgo, fueron inútiles. Para hacernos una idea de la desidia de nuestras instituciones, desde la Junta de Andalucía le remitieron al Museo Arqueológico de Sevilla, como si el descubrimiento científico fuera una pieza más de la antigüedad. Fue sin embargo, hace ya dos años, cuando gracias a Francisco Mantecón, coordinador del proyecto y empleado del Ayuntamiento de Alcalá, se buscó esta sala del museo de la ciudad para su emplazamiento definitivo. Desde entonces, estos tres apasionados de la Paleontología han robado fines de semana, festivos y cientos de sus horas libres para desinteresadamente, limpiar, reconstruir y montar la estructura que soporta esta ballena.

Además, ceden de forma indefinida su colección complementaria de más de mil fósiles, sólo con el objetivo de que se conserven, custodien y sirvan para la divulgación científica. «Muchas de las piezas se han obtenido hace ya un tiempo tan considerable que pueden catalogarse como únicas e irrepetibles, ya que los yacimientos o bien se han cerrado, como es el caso de algunas canteras, o se ha construido encima de ellos, o proceden de balsas de agua que se han colmatado», señala a este periódico Vicente Maestre, que compatibiliza su amor a los fósiles con su profesión de geólogo en una empresa de reconocido prestigio.

Cuando Alcalá era mar

Hace siete millones de años la geografía de Andalucía era muy diferente de la actual. No existía el Estrecho de Gibraltar y en su lugar la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo se realizaba por dos estrechos hoy día desaparecidos. Uno el Estrecho Surrifeño, que cruzaba el actual Marruecos. El otro el Norbético, parte de lo que hoy conocemos como Cuenca del Guadalquivir.

Desde Huelva hasta Baleares todo era mar, incluido por supuesto el término de la actual Alcalá. El empuje tectónico entre las Placas Africana y Euro-Asiática levantó las cordilleras y rellenó con materiales de las mismas y sedimentos marinos dichas cuencas. Este breve episodio geológico se denomina Crisis de Salinidad Messiniense, y tuvo como consecuencia la práctica desecación del Mediterráneo. Es por ello que Alcalá de Guadaíra hace entre siete y cuatro millones de años no existía como tierra firme. Por tanto, no es de extrañar que entre los sedimentos de sus tierras, especialmente en el albero, se encuentren fósiles de conchas marinas.

Los fósiles son una de las herramientas de las que se sirve la paleontología para el estudio de la vida del pasado. Estos son restos de organismos, o de su actividad, preservados en el sedimento, y que transformados en mayor o menor medida, llegan hasta nuestros días. Naturalmente, no todos los organismos pueden fosilizar, y en la mayoría de los casos tan sólo lo hacen ciertas partes duras de unos pocos de ellos. «El registro fósil es por tanto incompleto, pero con todo, constituye una de las pocas “ventanas” de las que disponemos para asomarnos a esa vida del pasado», apunta Maestre.

La edad de nuestro planeta es de aproximadamente 4.600 millones de años. Las primeras formas de vida en él se remontan a 3.500 millones. En este enorme lapso de tiempo, muy difícil de asimilar en la escala de tiempo humana, la geografía de los continentes varía de forma sustancial. Fue el alemán Alfred Wegener con su teoría de la Deriva Continental y posteriormente ampliada con la de la Tectónica de Placas, las que explican este fenómeno.

¿Qué más podemos ver?

En el Museo de Alcalá, aparte de la pieza estrella —la ballena del período Messiniense—, la exposición está estructurada en diferentes vitrinas ordenadas de forma creciente por su complejidad anatómica. En la primera se encuentran litologías, mineralizaciones y diferentes ejemplos de fósiles, todos de la zona analizada.

La segunda contiene pistas fósiles, así como briozoos, anélidos, corales y algas rojas. Más adelante, en el tercer y cuarto expositor, hallamos fósiles de moluscos divididos por grupos (bivalvos, gasterópodos y escafópodos). A continuación, en la quinta, podemos disfrutar contemplando artrópodos, crustáceos, estrellas de mar y erizos. Por último, la sexta posee fósiles de vertebrados, incluyendo ejemplos de tiburones y rayas, diferentes peces y mamíferos marinos.

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Fuente : abcdesevilla