Espías sonoros a 20 Hercios

Los últimos avistamientos de ballenas en aguas baleares han convertido a Cabrera, junto a Columbretes, en el balcón idóneo al que asomarse. Pero los avances de la oceanografía han cambiado la vista por el sonido. Un nuevo campo en el que los hidrófonos se presentan como su mejor aliado. Micrófonos submarinos capaces de grabar el canto de los cetáceos y registrar su presencia en las Islas durante las migraciones estacionales.

El Parque Nacional cuenta ya con el primer aparato para detectar ejemplares de rorcuales y cachalotes en la zona.

Cabrera es, para las ballenas, un paso intermedio. Una escala en su migración primaveral hacia el mar de Liguria, al norte de Córcega, para pasar allí el verano. Los últimos estudios apuntan que los rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) –el segundo animal más grande del planeta– viajan a lo largo de la costa mediterránea, pasando por las Islas Columbretes y también por el islote de Cabrera.

“A partir de septiembre repiten el camino inverso para bajar y pasar el invierno en algún lugar, hoy por hoy desconocido, que podría estar en la costa de África o en diversas zonas del Mediterráneo sur”, señala la técnica de bioacústica del Grupo de Biodiversidad Marina del Instituto Franklin, Paula Alonso.

En marzo de 2011 el Govern detectaba la presencia de tres ballenas alimentándose en aguas del Parque Nacional. Un hecho que tal vez sirvió para que el ejecutivo, a través de la conselleria de Agricultura y Medio Ambiente, se involucrara en un proyecto innovador de la mano del Oceanográfico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares.

La iniciativa se materializó el pasado mes de febrero con la colocación de un hidrófono al sur de Cabrera. Un nuevo método que emplea la bioacústica para estudiar la presencia de cetáceos.

“La Universidad estadounidense de Cornell fue la primera en desarrollar estos grabadores para identificar pájaros a través de su canto”, explica el consejero de Estado e investigador honorífico del Instituto Franklin, Enrique Alonso. Pero el origen histórico de estos aparatos conocidos como EAR (Ecologic Acoustic Recorder) es militar. Esta tecnología se desarrolló en Estados Unidos con el objetivo de detectar submarinos. “Aplicada a la oceanografía, como sistema pasivo, permite reducir el impacto negativo de otros métodos, como el sónar, generan de forma inevitable”, afirma el experto.

Sin embargo los hidrófonos –instalados entre 90 y 110 metros de profundidad– necesitan una programación precisa en función de las especies a estudiar. En el caso de Cabrera se ha elegido una tasa de muestreo de 5000Hz que permite grabar un espectro que recoge de los 20 hercios –la frecuencia en la que los rorcuales producen la mayoría de sonidos de su repertorio– hasta los 2.500Hz. “Se ha ampliado para intentar detectar también la presencia de cachalotes (Physeter macrocephalus) en sus emisiones de pulsos que alcanzan frecuencias mucho más altas”, detalla el responsable del departamento de investigación del Oceanográfico de Valencia, José Antonio Esteban.

El aparato consta de dos partes principales. Por un lado el liberador acústico –que contiene el micrófono y el altavoz– y el EAR con el hidrófono, el disco duro donde se registra la información y un sistema de baterías. Todo protegido por un flotador de foam. Ambas partes van unidas por un cabo; otro se encarga de enlazarlas con el bloque de hormigón, conocido como muerto, que se posa en el fondo del mar.

Hace sólo cuatro días se extrajo el hidrófono de Cabrera –que ya se ha vuelto a colocar en el mismo lugar– para analizar, durante los próximos meses, los datos registrados. Con éstos se podrá elaborar una base de datos a partir de programas informáticos como el X-Bat y estadísticas que determinarán parámetros como la frecuencia máxima de paso o la hora punta.

“Sabemos que el canto del rorcual sirve para comunicarse a centenares de kilómetros de distancia y los pulsos del cachalote pueden llegar a los 15 kilómetros”, reconoce Esteban. La localización exacta del animal con respecto al micrófono será, sin embargo, más difícil de calcular ya que para determinarla se necesitarían más aparatos y un sistema de triangulación. “Con una sola unidad sólo podemos aproximar la distancia relativa en función de la intensidad de la señal”, reconoce Esteban.

Con los escasos estudios realizados sobre el número de ejemplares existentes en el Mediterráneo, el proyecto de Cabrera intentará averiguar cuántos han pasado por sus aguas durante estos cuatro meses. “Si se recogen cantos en días diferentes se supone que se trata de animales distintos, ya que en plena migración no se detienen durante mucho tiempo”, sostiene Alonso. La dificultad llega si hay un silencio corto ya que no se sabrá si es un canto interrumpido o las voces de distintos ejemplares.

Uno de los trabajos más completos realizados sobre los rorcuales con tecnología bioacústica fue el del experto Manuel Castellote desarrollado para el Oceanográfico de Valencia junto a Christopher W. Clark y Mark O. Lammers y publicado en 2011. “Una de las conclusiones de su trabajo fue la constatación de que los rorcuales atlánticos entran en el Mediterráneo durante su migración, algo que no sucede a la inversa”, apunta Alonso.

La «identidad poblacional» de ambas subespecies se determinó gracias a las diferencias existentes en su canto. “Entre elas el ancho de banda de la frecuencia de los sonidos de 20Hz emitidos”. Es decir, la duración y los intervalos entre cada una de estas pequeñas canciones. La revista científica Nature publicó en 2002 otro estudio que mostraba cómo, a través del uso de hidrófonos, se habían logrado distinguir los tipos de canto de las diferentes poblaciones de rorcuales. «Según la investigación, sólo cantan los machos y parece que su objetivo es atraer sexualmente a las hembras desde largas distancias», añade el oceanógrafo.

Hasta el próximo mes de septiembre, expertos del Oceanográfico y del Instituto Franklin analizarán las grabaciones recogidas de febrero a julio para extraer de ellas toda la información posible. Sus espías continuarán, silenciosos, captando canciones submarinas a 20 hercios.

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Fuente : Elmundo