La muerte acecha a los delfines en Perú

No hay una cifra precisa, un recuento acabado, pero durante el último verano peruano (de enero a marzo) de 500 a 700 delfines, la mayoría de ellos –más del 90%- de la especie denominada común (Delphinus capensis), y un pequeño grupo de marsopas negras (Phocoena spinipinnis), han aparecido varados y muertos en varias playas del norte de este país. Especialmente en las regiones denominadas Tumbes, Piura y Lambayeque.

La denuncia inicial la hizo ORCA (Organización Científica para la Conservación de los Animales Acuáticos), por medio de su director Carlos Yaipén, quien la primera semana de abril declaró que los cetáceos fallecidos llegarían a 3.000, un número inusitado. La causa de tal mortandad masiva podría ser el uso de la prospección sísmica llamada 3D, la cual provoca burbujas que pueden aturdir severamente a la fauna marina.

Con el paso de los días, el agitado panorama costero se fue aclarando, con lo que bajó la intensidad de la denuncia pero no desapareció, para nada, el problema. Según Patricia Majluf, viceministra de Pesquería (parte del Ministerio de la Producción), lo más aproximado sería hablar de “más de 500 y menos de mil delfines muertos”, un evento que consideró preocupante y sobre el que sostiene que su sector está actuando.

Los hallazgos de estos mamíferos marinos varados y sin vida se produjeron, por ejemplo, en las playas de Colán (Piura) el 29 de enero, donde no se precisó el número; y el 9 de febrero en varias playas de la región Lambayeque, a lo largo de más de 100 kilómetros, donde el número habría sido de 200 animales. Este último hallazgo fue confirmado por funcionarios del IMARPE (Instituto del Mar Peruano) al diario La República.

En el mes de marzo, se habrían registrado más hallazgos en Lambayeque, todo lo cual indujo a ORCA a mostrar su preocupación por la causa de esta ola de mortandad, y a atribuirla a la “burbuja marina” usada por las petroleras que actúan en la zona. BPZ Energy, empresa que hace prospecciones en la región Tumbes, respondió sosteniendo que realiza sus prácticas “con los más altos estándares y prácticas ambientales”.

En un comunicado hecho público el 11 de abril, desde Houston (Texas, Estados Unidos), informó además que la mayor cantidad de delfines varados se había registrado el 6 de febrero, dos días antes de que iniciaran sus operaciones en la zona. Un día antes, el 10 de abril, Yaipén declaró a la cadena televisiva ATV más, que esta mortandad sería “la más significativa de la última década” y “no había sucedido ni en Sudamérica ni en Norteamérica”.

La citada burbuja, según el miembro de ORCA, se produce cuando se usan ondas de aire comprimido para buscar gas y petróleo en el fondo marino, lo que afectaría los delfines, provocándoles, entre otros daños, hemorragias internas. Majluf, basándose en un informe que prepara el IMARPE, sostiene que “por el momento no se puede establecer una relación directa entre la muerte de estos mamíferos marinos y la burbuja marina”.

La viceministra explicó, no obstante, que las prospecciones sísmicas sí afectan a las especies marinas, “pero no sólo a los delfines”. Y precisó algo que podría volver a agitar el panorama costero peruano, aun cuando no esté probado que la reciente mortandad cetácea se deba a las petroleras. “El Estudio de Impacto Ambiental de BPZ no incluía el ámbito de influencia de la burbuja”, lo que tiene que ser corregido, indicó Majluf.

Así las aguas, la presencia de tantos delfines muertos ha hecho que, casi repentinamente, las autoridades y la población se vuelvan a mirar hacia el mar, un ecosistema casi olvidado cuando se habla del posible impacto de las compañías petroleras. “Normalmente se piensa más en la Amazonía, pero tenemos que saber qué ocurre en la costa y el ecosistema marino peruanos”, comenta Gabriel Quijandría, viceministro del Ambiente.

Tanto él como Majluf abogan porque el Poder Ejecutivo peruano cree un Grupo Especial de Trabajo sobre el ambiente marino del país, que ha estado y está sujeto a una serie de impactos provenientes de las petroleras, las compañías pesqueras, la contaminación de diverso tipo. “Pronto se iniciarán trabajos de prospección sísmica en toda nuestra costa y para eso debemos estar preparados”, dice Majluf con cierta preocupación.

A lo largo de mar ubicado frente a los 3.079,5 kilómetros de franja costera peruana, viven 30 especies de delfines y ballenas, según la ONG Mundo Azul. Dos de ellas han sido afectadas por esta mortandad, pero también viven allí 750 especies de peces, 872 de moluscos, 412 de crustáceos, 240 de algas y 45 de equinodermos. Es uno de los mares más ricos del planeta y una fuente de recursos para la famosa gastronomía peruana.

Aún así, como comenta Quijandría, “el mar es uno de los ecosistemas que sufre mayor impacto” y por eso, coinciden él y Majluf, esta alerta de ORCA, aunque parece algo imprecisa, sirve para acentuar el interés estatal y ciudadano por este medio natural. Los delfines -cuya caza y consumo está prohibido hace varios años en el Perú- han hecho sonar las alarmas, pero, en realidad, todo el ecosistema acuático marino está amenazado.

Tanto es así, que el delfín común, protagonista principal de esta triste historia, está en la lista de especies amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Incluso si no fue la “burbuja”, sino un virus (que para Majluf “parece lo probable”) el causante de la muerte masiva, la vigilancia sobre este mamífero, y sobre toda la inmensa cantidad de especies del mar peruano, tendrá que ser reforzada intensamente.

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Fuente : Elpais