Las plagas que viajan en las aguas de lastre tienen los días contados

La Organización Marítima Internacional (OMI) estudia actualmente la regulación por convenio de un nuevo sistema de gestión de esos vertidos que deberán tomar en cuenta sus 170 países miembros antes de 2016.

Sobre su vehículo franco, las aguas de lastre que indiscriminadamente se recogen y vierten de puerto a puerto sin control aduanero ni fitosanitario, pesa ya una prohibición.

El objetivo es “desinfectar” el agua arrastrada por grandes buques comerciales, turísticos e industriales para equilibrar su peso en travesía, “ozonizándola” y tratándola con rayos ultravioleta antes de que sea descargada.

El método se utiliza con éxito en circuitos de acuicultura y piscifactorías y en plantas de aguas residuales.

Así lo explicó el director general del fondo de inversión Blue Orange, Adrien Henri, que apuesta por el proyecto.

La idea, dijo, “fue como sumar dos más dos. Identificamos un problema -la contaminación del agua por agentes invasores, similares a los patógenos de las aguas vertidas- para el que ya teníamos la solución”.

Costó más, reconoció, casi 18 meses, elaborar un acuerdo de colaboración entre los dos socios europeos que desarrollan el proyecto, la francesa Suez Environnement, con mas de 70 años de experiencia en tratamiento de aguas, a través de su filial Degremont, y Redox Maritime Technologies, empresa noruega que encabeza la gestión de limpieza de buques vivero con garantías de seguridad biológica.

Los prototipos del filtro, una especie de tanque o caja que podrá adaptarse a cualquier embarcación, aseguró Henri desde París, a través de una conversación telefónica, se ejecutan actualmente en Noruega, tanto en plataformas costeras controladas como en grandes embarcaciones.

El proceso de desinfección pondrá un freno, ya sea neutralizándolas o directamente eliminándolas, a las especies marinas, algunas microscópicas, que invaden ecosistemas a los que de forma natural nunca habrían llegado.

Henri recordó el conocido caso del mejillón cebra, que desde el mar Negro, en Europa oriental, ha conseguido cruzar el Atlántico y sólo en Estados Unidos se calcula que ha causado daños por mil millones de dólares, entre programas de erradicación y sus efectos sobre especies comerciales autóctonas.

La certificación pendiente de la OMI, reguladora de las Naciones Unidas para la prevención de la contaminación del medio marino por buques e instalaciones portuarias, y el hecho de que el proceso aún no se comercializa ha frenado la divulgación masiva del sistema, para el que se espera “luz verde” a lo largo de este año.

Desde 2004, los países signatarios de la OMI aprobaron una nueva normativa para adoptar un sistemas de control de las aguas de lastre no contaminante.

El Convenio Internacional para el control y Gestión de Aguas de Lastre favorece métodos menos agresivos que los actualmente en uso, como el tratamiento químico o la oxigenación, que atenta contra el ph marino.

El convenio señala que todos los barcos construidos antes de 2009 tendrán que proveerse de un sistema certificado de tratamiento de aguas de lastre (BWT, por sus siglas en inglés), como el que ahora proponen Suez y Redox.

Otras empresas, como la canadiense Trojan Marinex, desarrollan también sistemas similares y compiten por la certificación de la OMI, que no recomendará ningún sistema concreto, sino que avalará los que le parezcan apropiados a sus indicaciones de protección medioambiental.

Se estima que unos 15.000 buques tendrán que ajustarse a la normativa.

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Fuente : Efeverde