Los recortes en EE UU obligan a cerrar el único laboratorio bajo el mar del mundo

Es muy probable que la oceanógrafa Sylvia Earle protagonizara el pasado sábado la última misión que haya albergado la base Aquarius Reef, en Cayo Largo, Florida, el único laboratorio submarino del mundo. Los recortes presupuestarios del Gobierno de Estados Unidos no contemplan la financiación de la instalación para 2013, abocándola a su cierre definitivo, salvo que una inyección de dinero privado lo impida.

La base Aquarius Reef depende de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), un departamento federal -del que Earle fue directora- que ha visto cómo en los últimos años se ha ido reduciendo el presupuesto destinado al laboratorio submarino. La partida de 7,4 millones de dólares (unos 6.000 millones de euros) que se aprobó en 2011 se redujo a casi cuatro millones en este ejercicio y desaparecerá en 2013 debido a la decisión de la NOAA de priorizar su programa de satélites frente al oceanográfico. “La única manera de sobrevivir es a costa de la inversión privada. Estamos en conversaciones con la NOAA para firmar un acuerdo de colaboración y el resto de la financiación esperamos obtenerla con los fondos de una fundación que hemos creado expresamente”, explica en conversación telefónica el director del Aquarius Reef, Tom Potts.

Desde su inauguración, hace 25 años, la base ha albergado 117 misiones, desde investigaciones sobre los arrecifes de coral de biólogos marinos, hasta estancias de astronautas de la NASA para aclimatarse a las condiciones de gravedad cero del espacio. En junio, varios miembros de la agencia espacial, liderados por Dorothy Metcalf-Lindenburger, pasaron once días en el laboratorio donde simularon las condiciones gravitatorias de un asteroide. Se trató de la decimosexta misión de la NASA en el Aquarius Reef. “Hemos aplazado otros proyectos que teníamos previstos para el año que viene con la esperanza de poder seguir en activo”, afirma Potts.

El director de la base explica que para que ésta funcione adecuadamente y pueda ofrecer un apoyo eficiente a las misiones se requiere un mínimo de tres millones de dólares. En junio se creó la Fundación Aquarius para tratar de recaudar fondos para mantener el laboratorio. Debra Ellis, una de la responsables de esta organización, se excusa por no poder revelar qué cantidad llevan reunida hasta la fecha. “Nuestro objetivo es obtener 750.000 dólares hasta finales de año y otro millón y medio en 2013”, indica. “Con esa cantidad conseguiríamos, al menos, tenerlo abierto, pero no sería posible mantener el nivel técnico necesario para funcionar con eficacia”, comenta, resignado, Potts.

El Aquarius Feet es un cilindro de hierro amarillo de 85 toneladas instalado a 18 metros de profundidad entre los arrecifes de coral de los cayos de Florida. La instalación está perfectamente presurizada, consta de una habitación con seis literas, un pasillo, un laboratorio científico, un baño y una especie de porche por el que entran y salen los científicos e investigadores en sus inmersiones. La base dispone de agua caliente, electricidad, conexión de banda ancha, ordenadores, una despensa con comida y un microondas.

Los investigadores pueden estar hasta un máximo de dos semanas en el laboratorio. Normalmente, la mayor parte del tiempo -una media de nueve horas- la pasan fuera de la base trabajando en sus proyectos. Mark Patterson, un profesor de Ciencia Marina de la Universidad William and Mary, explicaba a la cadena de radio NPR la importancia del laboratorio: “Se trata de uno de los pocos observatorios ecológicos submarinos, donde los científicos pueden realizar trabajos y experimentos que nunca lograrían en una inmersión de solo dos horas”.

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El Aquarius Reef invitó a varios periodistas a la última misión del laboratorio. Allí también estaban las cámaras de la Fundación One World One Ocean, que va a rodar un documental sobre la misma y que ya ha colaborado en el pasado con la base con vídeos que cuelga en internet para promocionar la instalación. “La inmersión ha sido muy interesante, solo espero que no sea la última”, comentó Earle. Potts se muestra optimista: “El proyecto que culminó el sábado ha generado mucho entusiasmo y hemos recibido bastante apoyo por parte de la NASA y la NOAA”.

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Fuente : ElPais