La carrera hacia la boya inteligente

La energía de las olas se postula como uno de los recursos energéticos del futuro, limpio, potente y constante, con capacidad para abastecer el 10 % del consumo eléctrico mundial. Bajo esta premisa, nació en 2002 la idea de crear una tecnología capaz de generar energía, desalar agua e impulsar la vigilancia e investigación oceánica, tres soluciones en un solo sistema que, una década después, es una realidad, pionera en el mundo, de marca 100 % española con mucho acento canario.

Se trata del sistema APC-Pisys, creado por la empresa española Pipo Systems, compuesto por una boya de superficie, una boya sumergida de volumen variable y una boya de posicionamiento donde se alojan los elementos de control, generación y medición de potencia que permite mantener una profundidad constante mediante un sistema de amarres al fondo marino.

El invento, con patente mundial, fue ideado por el tecnólogo Abel Cucurella y coordinado por Rafael Ibáñez, ambos fundadores de la empresa española Pipo Systems. Contó con el apoyo financiero del Ministerio de Economía y Competitividad y la Comunidad Europea (Fondos Feder), y su desarrollo se traduce en diez años de trabajo, 14 millones de inversión y la colaboración de importantes centros científicos como es el caso de la Plataforma Oceánica de Canarias y las universidades de Zaragoza y Politécnica de Cataluña.

“La idea parte de nuestro presidente e inventor, Abel Cucurella, una persona con unos conocimientos naturales fuera de lo normal, dentro del mundo de las energías alternativas. Consideramos que hasta ahora no había suficientes elementos o sistemas capaces de captar la energía del mar y mantenerla para ser utilizada, porque todos los sistemas conocidos eran simples. En 2002, producto de estos conocimientos, pensamos que podía ser una buena idea desarrollar un sistema capaz de captar de forma trivolumétrica las fuerzas que se generan en el mar, le dimos forma a la idea y la registramos y patentamos en las distintas partes del mundo. Esperábamos encontrarnos en cualquier momento con alguien al que se le hubiera ocurrido esta idea, pero no fue así afortunadamente”, afirmó Rafael Ibáñez, director de Operaciones de la compañía.

Dicha idea también fue celebrada en Estados Unidos. “Allí no solamente no pusieron ninguna objeción para la patente, sino que nos felicitaron por lo que ellos calificaron como una idea original”, dijo Ibáñez. En su opinión, “vimos que no había ninguna empresa que estuviera detrás de esto porque a nadie se le había ocurrido la idea de patentar un sistema de boya y contraboya que trabajen solidariamente. Esa originalidad lo convierte en un sistema aparentemente simple, pero a su vez originalmente complejo, lo que permite obtener una extraordinaria energía, un 135 % superior a la tecnología actual en el mercado”.

En paralelo al registro de patentes, comenzaron a hacer ensayos teóricos, sobre el papel, mediante cálculos, y a partir de aquí entran en acción tres actores fundamentales: la Universidad Politécnica de Cataluña, la Universidad de Zaragoza y la Plataforma Oceánica de Canarias.

La Politécnica de Cataluña, a través del Centro de Desarrollo de Equipos Industriales, se encargó de los estudios de fluidos dinámicos del sistema, mientras que la Universidad de Zaragoza, a través de la fundación Circe, colaboró en todo lo relacionado con la evacuación de la energía. “El sistema capta la energía y luego hay que evacuarla a tierra, por lo que los trabajos iban encaminados a obtener el mejor sistema posible para que haya las mínimas pérdidas de tensión”. La labor de la Plataforma Oceánica de Canarias, Plocan, ha sido fundamental, tanto en la parte logística del proyecto como en el objetivo final, al poner a disposición del mismo su banco de ensayos, donde está instalada actualmente la boya de Pipo Systems, a tres millas de la sede en Taliarte.

Los tres centros están bajo el paraguas de financiación y apoyo del Gobierno, a través del Ministerio de Economía y Competitividad, dentro del programa Innpacto.

Empezaron haciendo ensayos a pequeña escala hasta llegar a la Universidad Politécnica de Cataluña, donde se llevaron a cabo las primeras pruebas de mayor fuerza, fuera del mar. “Las realizamos en el canal de experimentación hidrodinámica de la Escuela de Ingenieros de Canales y Puertos. Es un canal de cien metros de largo por tres de ancho y cuatro de profundidad, y ahí pudimos simular todo tipo de oleaje. Informáticamente hablando se lanzan unas palas, y probamos con olas de dos metros, de tres, de metro y medio, de cinco metros… hicimos todo tipo de pruebas, sacando siempre las máximas conclusiones que hemos ido aplicando hasta llegar a la situación actual”.

Los ensayos continuaron en Canarias, donde previamente habían desarrollado numerosos estudios a través de la Plocan, sobre el fondo marino, el impacto medioambiental del sistema y ubicaciones óptimas, “hasta que hallamos la ubicación en Telde, probamos el fondo e instalamos el sistema, una zona donde nos gustaría montar una planta desaladora offshore”, indicó el responsable de Pipo Systems.

El hecho de que Canarias haya jugado un papel fundamental en el proyecto de la empresa Pipo Systems, con domicilio fiscal en Vigo (Galicia), obedece fundamentalmente a la creación de la Plataforma Oceánica de Canarias, institución pública financiada al 50 % por el Gobierno de España y por la Comunidad Canaria.

“Vinimos a instancias del Gobierno español para contactar con Plocan y hacer una colaboración conjunta, como así ha sido y de forma excelente. Sin Plocan difícilmente hubiéramos podido hacer este proyecto, fue una suerte que confluyeran en el tiempo la idea y el arranque de la Plataforma, y además que los distintos dirigentes nos lleváramos bien, hemos hecho un equipo de un nivel profesional altísimo”.

Otra de las razones por las que eligieron las Islas fue el mar de Canarias, considerado desde el punto de vista energético de nivel medio-alto. “En Galicia, las olas pueden alcanzar un promedio de tres o cuatro metros de altura, eso supone que nunca podríamos hacer un experimento allí; sin embargo, en Canarias, en las ventanas de tiempo en el que el oleaje es de 90 centímetros o un metro, y con una velocidad de viento de pocos nudos, trabajamos muy bien, de hecho, no es muy normal que estos proyectos de investigación tan complejos culminen en un éxito empresarial que supone una industrialización y comercialización, no es muy corriente, y nosotros estamos en ese estadio”.

Sin embargo, la trayectoria durante estos diez años no ha sido un camino de rosas, la empresa se ha topado con numerosos inconvenientes, fruto del trabajo en un medio tan imprevisible como es el mar.

Un ejemplo fue cuando el mal tiempo arrastró, el pasado mes de enero, el prototipo de la boya desde la costa de Telde hasta la playa de La Laja, en la capital grancanaria.

“Estábamos en una fase de investigación y hubo unos movimientos de cambios de corrientes. En aquel momento ocurrió que no se había terminado de sujetar la boya, fue un problema de horas, y se fue a la deriva. Afortunadamente, la trayectoria hasta La Laja fue limpia y el incidente nos sirvió para anticiparnos a algunas cosas que a lo mejor no se nos habrían ocurrido; y sobre todo, para comprobar la flotabilidad del sistema, porque cuando fue a la deriva, la boya siguió las corrientes que había, y en ningún momento se metió donde no debía. Tanto en la parte derecha como izquierda de La Laja hay remolinos y cosas extrañas, pero las corrientes sanas están en el centro, que es donde fue la boya”.

Ibáñez recuerda este episodio como un incidente sin trascendencia, aunque reconoce que a lo largo del proyecto se han enfrentado con muchos obstáculos, todos relacionados con el aspecto económico, “porque cualquier cosa que tienes que fabricar debe ser de forma artesanal, con unos costes impresionantes, y no hay que olvidar que nos movemos en el mar, donde cualquier intervención es muy cara”.

Paso a paso, el proyecto ha llegado a buen puerto y está listo para su comercialización. Para ello cuentan con el apoyo del Ministerio de Economía, y precisan de una gran empresa que ponga el capital para crear la industria para la fabricación, “previsiblemente en Canarias, donde tenemos todo lo necesario para ello, tanto de personal como de infraestructura, y a partir de ahí exportar nuestra tecnología al mundo”.

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Fuente : LaProvincia