Una investigación europea revela que los peces utilizan los sentidos para orientarse

Científicos procedentes de los Países Bajos y Reino Unido han descubierto cómo los peces juveniles de los arrecifes de coral utilizan los sonidos, los olores y la vista para desplazarse desde alta mar y encontrar a sus compañeros del cardumen ocultos entre las raíces de los manglares y las hojas de pradera marina.

El Dr. Ivan Nagelkerken de la Universidad Radboud de Nimega (Países Bajos), y ahora de la Escuela de Ciencias de la Tierra y Medioambientales de la Universidad de Adelaida (Australia) señaló la importancia de los hallazgos. La investigación, publicada en la revista Ecology, “destaca la importancia de mantener un mosaico de diferentes hábitats y poblaciones locales sanas para que el pez gruñidor amarillo y otros muchos como él, completen su ciclo de vida”.

La salud de los mares y sus habitantes se ve amenazada a nivel mundial por diferentes focos como son la basura, la contaminación industrial y la sobrepesca. Según la Comisión Europea, en Europa, donde se han examinado especies marinas y tipos de hábitats, “se ha descubierto que la mayoría de estos se encuentra en condiciones desfavorables y desconocidas” con “sólo el 10% de los hábitats y el 2% de las especies [...] en condiciones óptimas”.

Para descubrir cómo se las arreglan para encontrar su camino estos peces juveniles, investigadores de la Universidad Radboud de Nimega, junto a sus colegas de la Universidad de Bristol (Reino Unido), estudiaron las respuestas a los sonidos, olores y señales visuales del pez gruñidor amarillo, una especie común del Caribe.

El equipo probó primero qué ruidos del hábitat atraían a los peces mediante el uso de salas de selección acústica y descubrió que los peces recientemente instalados, principalmente los que acababan de retornar a la costa después de desarrollarse en el plancton durante varias semanas, eran los que más atracción mostraban por las grabaciones procedentes de los arrecifes de coral. Sin embargo, los peces juveniles no establecen su hogar en los arrecifes de coral ya que pueden ser lugares peligrosos para ellos. Por el contrario, buscan la relativa seguridad de las zonas de reproducción de los manglares y lechos de vegetación marina, donde crecen durante los primeros meses.

El segundo experimento comprobó los olores del hábitat que atraían a los peces mediante el empleo de laberintos olfativos con forma de Y. A diferencia del estudio auditivo, los peces no se sentían atraídos por los olores de los arrecifes de coral, sino más bien por los olores de los hábitats de sedimentos blandos fangosos procedentes de la pradera marina y los manglares. “Parece ser que para encontrar la costa los peces utilizan el ruido de los arrecifes de coral, que es el más audible del hábitat y que puede ser escuchado por un pez a una distancia de entre 100 a 1 000 metros”, explica la Dra. Chantal Huijbers, de la Universidad Radboud de Nimega. “Una vez situados a la distancia adecuada, pueden oler sus hábitats de reproducción preferidos”.

En el tercer experimento, el equipo ensayó si los peces se sentían atraídos por la vista de algún hábitat idóneo o de una potencial pareja del cardumen. Observando su comportamiento dentro de un área cuadrada, los investigadores descubrieron que los peces no pueden discernir entre los diferentes tipos de hábitats, pero sí que se sentían muy atraídos por la vista de un pez de apariencia familiar.

La cuarta y última prueba examinó la fuerza de esta atracción en otros peces. El equipo utilizó el laberinto olfativo con forma de Y para dejar que los peces identificaran su aroma preferido, antes de abrir una ventana que permitía a los peces estudiados ver a otros individuos. Después cambiaron los olores y descubrieron que los peces ignoraban la pérdida de su aroma preferido y optaban por mantenerse a la vista de sus nuevos compañeros del cardumen. Según afirman los investigadores, “todo ello apunta a que una vez establecido el contacto visual, las otras pistas pierden relevancia. La misión ya se ha cumplido.”

“Este es el primer estudio que analiza la jerarquía de los diferentes estímulos sensoriales que permiten a los peces juveniles completar su tarea de navegación a vida o muerte”, concluye el Dr. Steve Simpson, biólogo marino y ecólogo de peces de la Universidad de Bristol. “Después del sonido, el olfato es el que guía a los peces a macroescala pero, a una escala más sutil, es la visión la que predomina en cuanto los peces localizan a sus nuevos compañeros del cardumen”.

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Fuente : nuestromar